Lo que esta comparación no decide
La debilidad de Classic es pública y bien documentada desde 2008: la comunidad académica publicó ataques prácticos sobre su algoritmo propietario y desde entonces existen herramientas accesibles que los implementan. La consecuencia operativa no es que toda instalación deba sustituirse mañana, sino que el contenido de la tarjeta no puede considerarse un secreto y que la seguridad debe apoyarse en el sistema: comprobación contra un servidor, revocación rápida, registro de accesos y control físico.
En sentido contrario, elegir DESFire no produce seguridad de forma automática. Una instalación que lee el identificador de una tarjeta DESFire sin ejecutar la autenticación queda exactamente igual de expuesta que una instalación con Classic, porque ese identificador es legible sin claves. La protección aparece cuando el lector autentica, cuando las claves no son las de fábrica y cuando cada tarjeta deriva las suyas propias. Si esas tres condiciones no se cumplen, se está pagando una arquitectura que no se utiliza.
Por eso la pregunta correcta no es qué tarjeta es mejor, sino qué hace exactamente el lector instalado en el momento de la lectura. Esa información la tiene el integrador o el fabricante del software de accesos, y determina por completo qué margen de decisión existe sobre la credencial.